La norma ISO 16890 evalúa los filtros de aire según su eficacia frente a las partículas en suspensión (PM1, PM2,5, PM10) y ha reemplazado a la EN 779 desde 2018. El aire exterior se clasifica en categorías ODA, mientras que la calidad del aire interior se define mediante categorías SUP, dependiendo del uso del edificio. La clase de filtro adecuada se determina combinando ambas categorías. Este enfoque permite mejorar de manera específica la calidad del aire interior y reducir los riesgos para la salud asociados al polvo fino. Es importante señalar que un filtro eficiente también debe estar optimizado energéticamente para mantener bajos los costos de operación.
¿Qué es lo que realmente determina la rentabilidad de los filtros de aire? Cuanto mayor sea la caída de presión durante la vida útil de un filtro, mayor será la demanda energética y los costes asociados. Por lo tanto, un filtro de aire eficiente no solo garantiza aire limpio, sino que también contribuye de forma significativa al ahorro energético.
ISO 16890 regula la clasificación de filtros de partículas para aire ambiental. Esta nueva norma, vigente desde finales de 2016, remplazó la norma europea EN 779 a mediados de 2018.